—¿Sin solución?
Javier fruncía el ceño, su rostro descompuesto:
—¿Entonces estás diciendo que solo ese muchacho Pedro puede curar a mi hija?
—El que empuñó la campana es quien debe desatarla. Si quieres ayuda, tienes que buscar al que lo hizo —dijo el médico.
—¡Ese muchacho es verdaderamente malicioso! ¡Usando tales métodos bajos!
Javier apretó los dientes, la ferocidad brillando en sus ojos.
—Sr. Javier, ¿qué hacemos ahora? —preguntó Matías de forma tentativa.
Habían fallado en sobornar a Estre