—¿Atreverse a golpear a alguien de la Puerta de Basalto? ¡No sabes lo que te espera!
La mirada de Adrián se tornó extremadamente hostil.
Para ellos, que son como hermanos de sangre, golpear a su discípulo menor es como golpearle a él mismo en la cara.
—¡Sálvame, sálvame!
Raquel, como si hubiera visto a su salvador, de repente se sintió revitalizada.
—Señorita Raquel, no se preocupe. Con mi maestro hermano y yo aquí, este chico no podrá herirte hoy —Emilio prometió firmemente.
No habí