—Evaristo! ¡Si te atreves a causar problemas aquí, ten cuidado, porque llamaré a la policía para arrestarte! —gritó Belinda, tratando de sonar amenazante pero claramente asustada.
—¿Vas a llamar a la policía para arrestarme? ¡Ja, ja, ja! —Al escuchar esto, Evaristo no pudo evitar reírse a carcajadas.
Detrás de él, un grupo de secuaces también se rio, con miradas burlonas. El hecho de que pudieran actuar con tanta arrogancia indicaba que tenían algún respaldo.
—Srta. Belinda, eres realmente a