—Evaristo, ¿qué te ha pasado? ¡Qué mal genio tienes! ¿Necesitas que te recete algo para calmarte? —Herminio, al escuchar el alboroto, bajó lentamente las escaleras acompañado de Pedro y Belinda. Al ver el desorden en la farmacia, frunció levemente el ceño, pero pronto volvió a la normalidad.
—Herminio, por fin te decides a salir, pensé que seguirías escondido para siempre— dijo Evaristo con una sonrisa sarcástica mientras cruzaba las piernas.
—Evaristo, nunca te he ofendido. Has venido a causa