—¡Bien! ¡Tú lo dijiste! —Elvis se alegró. Esta era su única oportunidad de dar un giro, no podía dejarla pasar.
—¡Muévanse, muévanse! Aléjense todos, va a haber una pelea, no estorben— Isaías comenzó a gritar, indicando a todos que se apartaran. Aunque no había visto a Pedro en muchos años, tenía una confianza ciega en él. La fuerza de Hernando no era un mero rumor, sino algo que había demostrado con sus propios méritos. Hace diez años, en Ciudad YJ, había surgido como un prodigio, derrotando a