La daga afilada penetró desde la espalda y salió por el pecho. La punta ensangrentada asomaba lentamente del corazón de Valentín.
Valentín tembló, su rostro se quedó inmóvil. Instintivamente, bajó la mirada y vio la punta de la daga, de donde goteaba sangre lentamente.
—¿Qué?
La repentina escena dejó a todos atónitos. Nadie esperaba que Bernardo atacara de repente y, mucho menos, de manera tan letal. ¿No se suponía que iban a intercambiar rehenes? Esto era demasiado.
—¿Valentín? —Pedro tambi