Nunca habían visto a alguien tan loco que, a plena luz del día, se atreviera a enfrentarse solo a la familia Arroyo y tomar a Bernardo como rehén. Era un suicidio.
—¡Chico! ¿Ves esto? Estás rodeado, hay soldados de la familia Arroyo por todas partes. ¿Cómo crees que puedes luchar contra mí? —Bernardo se rio con desdén. —Si no quieres morir, suéltame de inmediato, destruye tu propia habilidad y arrodíllate rogando perdón. Tal vez así te deje vivir.
—¿Quieres morir? —Pedro levantó lentamente a B