No solo Doroteo, sino también Sergio y sus compañeros se llevaron un susto con la aparición de este viejo tuerto.
Todos ellos eran grandes maestros, con una percepción excepcionalmente aguda, capaces de detectar el más mínimo movimiento.
Sin embargo, no habían percibido en absoluto la llegada del viejo tuerto, lo cual era verdaderamente extraño.
Lo más crucial era que, a sus ojos, el viejo no mostraba ninguna fluctuación de aura; parecía completamente ordinario, indistinguible de un anciano comú