Saltando al aire, de repente se detuvo.
Los rayos del sol caían, iluminando la armadura dorada de Ricardo, que brillaba intensamente, captando todas las miradas.
—Esta espada, por la que me recluí durante tres años para comprender este solo movimiento, nunca antes se ha mostrado frente a otros. Hoy, morir por esta espada será el honor de tu vida. ¡Prepárate para recibirlo!
Con esas palabras, la espada de Ricardo de repente vibró, y él se transformó en un deslumbrante rayo de luz dorada, precipit