El sonido no era fuerte, pero eclipsaba el bullicio de la sala, una presión invisible que silenciaba a la multitud con su resonancia.
Siguiendo la dirección del sonido, se veía a un hombre corpulento con una barba blanca, avanzando con paso firme y cabeza erguida.
El anciano vestía una túnica negra, de aspecto robusto y mirada penetrante.
Vientos vigorosos lo rodeaban, haciendo ondear su túnica con un susurro constante.
Aunque no desplegaba una fuerza descomunal, su presencia era tan sólida y au