—¡Joven! ¡No te pases de la raya!
El anciano de cejas blancas se exaspera:
—Ahora, no solo el Sr. Saúl ha sido envenenado, tú también has caído en mi trampa. ¡Sin mi antídoto, no sobrevivirás hasta mañana!
—¿De verdad? ¿Qué tal si apostamos a ver quién muere primero?
Pedro responde con una sonrisa irónica.
—Tú...
El anciano de cejas blancas se queda sin palabras.
Es obvio que Saúl será el primero en ceder. Por eso, había decidido igualar la apuesta. Pero el contrario no da tregua.
—¡Pedro!