—¿Qué? ¿Excremento?
Al oír esto, Saúl comenzó a retorcerse en náuseas.
Pero ya era demasiado tarde; se había tragado el medicamento. Su rostro se volvió rojo como un tomate.
Antes, "comer mierda" sólo había sido una expresión. Ahora se había hecho realidad.
—No puedo creer que Pedro sea tan maquiavélico, alimentando a nuestro primo con excrementos. ¿Cómo va a poder comer algo después de esto?
Irene se cubrió la nariz y se alejó, con una mirada de asco en su rostro.
—Sólo tienes la culpa tú, Saúl