—Niño, te doy otra oportunidad, arrodíllate de inmediato y sométete a mí, además entrégame a las dos bellas mujeres que tienes detrás; de lo contrario, te haré morir de una manera horrible —amenazó Bernardo con una mirada maligna.
¿Un hombre inútil, cómo puede poseer tales bellezas?
Solo alguien como él, un hombre de poder, merece disfrutar de tales joyas.
—Te doy una oportunidad, lárgate ahora mismo, o te romperé las piernas —dijo Pedro con voz fría.
—¡Maldita sea, estás buscando tu muerte!
Ber