Mientras hablaba, agarró la muñeca de Pilar y la arrastró hacia afuera con fuerza.
—¡No! ¡No me voy! ¡Suéltame! —Pilar comenzó a luchar desesperadamente.
Ya le debía a Pedro una vez y no quería estar en deuda una segunda vez.
De lo contrario, nunca podría estar en paz en su vida.
—¡Pilar! Tu padre tiene razón, estamos cortos de tiempo, ¡vámonos ya!
—¡Sí, Pilar! ¡Es una cuestión de vida o muerte, no seas caprichosa!
—Si Pedro muere, muere. Con tal de que nosotros sobrevivamos, es suficiente. ¡Que