Allí donde pasaba, se abría paso entre la multitud con fuerza bruta, limpiando el área de forma autoritaria. Después de hacerse espacio en el camino, Rosario, vestida extravagante como una princesa, hizo una entrada deslumbrante.
Su hermoso rostro, combinado con ropas lujosas y una crianza de nobleza desde pequeña, dejaban en claro su distinguido origen a primera vista.
—¡Rosario! ¡Por fin llegaste! —Al verla, los ojos de Jesús brillaron, apresurándose a su encuentro, lamentándose—. ¡Mira mi car