—¡Muerte! ¡Quiero que todos ustedes mueran!
Lizbeth rugió con tristeza y furia, sus ojos se volvieron rojos como la sangre, su cabello blanco ondeaba al viento, y toda ella parecía una loca furiosa.
De repente, su cuerpo tembló y escupió un chorro de sangre.
Luego, su visión se oscureció y cayó al suelo.
Ese último ataque había agotado todas sus energías, y su cuerpo estaba completamente vacío.
Ahora estaba en sus últimos momentos, a merced de cualquiera.
—¿Lizbeth? ¡Lizbeth! —Zoraida se levantó