El silencio que siguió a las palabras de Isabel fue palpable, llenando el aire con una tensión que parecía espesarse. Aunque Yolanda no apreciaba a Antonia y la consideraba una aliada poco confiable, reconocía que su presencia en la familia Jiménez todavía servía a ciertos propósitos.
Isabel, notando el silencio de Yolanda, endureció su mirada:
—Recuerdo que eres inteligente, Yolanda. No cometas errores tontos.
—Nadie me lo dio. Era mi teléfono anterior. —respondió Yolanda finalmente, intentand