—¡Otra manera!
Sin necesidad de pensarlo, Delicia sabía que no sería nada bueno.
En el siguiente momento, tal como esperaba, escuchó a Alvaro decir:
—A partir de hoy, harás lo que yo te diga. Deberás obedecer mis órdenes incondicionalmente. ¿Qué te parece?
—¿Crees que eso es posible?
—¿Por qué no habría de serlo? Ahora mismo, ¿no es acaso que tienes que escucharme?
Delicia apretó los dientes, deseando poder desgarrar a este hombre en pedazos.
Alvaro se levantó, observando cómo ella apretaba los