Delicia se volvió.
La frialdad original en sus ojos ahora estaba teñida de burla, ¡y ella sonrió! Esa sonrisa no tenía amargura.
Era como si fuera una zorra, escondiendo sus emociones a la perfección.
Solo escuché que ella decía:
—Entonces dime, ¿por qué viniste a buscarme? ¿Para disculparte con ella? ¿O para aclarar las cosas?
...
—Quiero escucharlo, ¿cómo vas a aclararlo? ¿Vas a decirle a todos que Ana García le robó el marido a Valeria Torres? ¿O que yo le robé el hombre y admití ser la otra