Elena miraba a Delicia, llena de horror y sorpresa. ¿Así que la condición para su exitoso divorcio fue aceptar una demanda tan desalmada de Alvaro?
Delicia, con una mirada llena de tristeza inenarrable, respondió al asombro de Elena.
—¿Quién iba a imaginar que él plantearía tal condición?
A pesar de haberlo vivido, aún le dolía el corazón, un dolor que la hacía temblar.
Elena, incrédula, preguntó:
—¿Y tú aceptaste?
No hacía falta preguntar, la respuesta era obvia. De lo contrario, ¿cómo podría