En el coche, Delicia miraba por la ventana, la luz reflejándose en su rostro, revelando una belleza melancólica. Alejandro, quien no había asistido a la fiesta, solo había ido a recoger a Delicia. Al ver a Yolanda salir también de la fiesta, entendió que algo significativo había sucedido esa noche.
Le ofreció una botella de agua a Delicia.
—Toma un poco. —dijo.
—Gracias. —respondió ella, aceptando la botella y bebiendo un par de tragos. El frescor del agua aliviaba ligeramente su agitación inte