Antonia ocultaba una alegría en sus ojos y se acercó a Isabel, con un gesto de tristeza, diciéndole:
—Mamá, por favor, no te enfades más.
Su tono de voz, aunque intentaba ocultarlo, revelaba un alivio evidente.
Isabel, apoyándose en Antonia, se dirigió hacia Yolanda. En ese momento, Miguel estaba realmente asustado, deseando poder huir de la escena del “crimen”. ¿Qué se supone que debía hacer ahora? Con la salida del señor Jimenez, Miguel se encontró con un problema candente en sus manos.
—¡Ve