Delicia, aunque estaba decidida a divorciarse de Alvaro, no podía evitar sentirse afectada por las palabras hirientes y la injusticia. Había soportado malos tratos y humillaciones repetidas veces, y ver a Isabel, vestida elegante y autoritariamente, le recordaba las razones por las que había perdido la paciencia y buscado refugio en la cocina, solo para ser menospreciada aún más.
Cuando Delicia respondió con sarcasmo a la exigencia de Isabel de que se encargara de los postres, Alvaro intervino a