Una esposa para el conde. Capitulo 34
Anabelle lo ayudó con la puerta y hundió su rostro en su cuello, presa del bochorno por lo que la servidumbre diría de ella si los veían. Suspiró, diciéndose a sí misma que si era feliz, lo que menos debía importarle era la opinión de extraños. Además, si no llegaba a resolver sus diferencias con el conde, se marcharía para siempre y no la volverían a ver jamás.
Una vez en el dormitorio, Essex bajó con cuidado a su acompañante, y sin darle tregua siquiera a equilibrarse sobre sus pies, volvió a