Una esposa para el conde. Capitulo 30
—Come, o se enfriará… —señaló el plato, dejando de torturarlo.
Lancaster ingirió solo la mitad del tazón y lo dejó de lado.
—¿Qué harás? —El conde reanudó la conversación.
—Regresaré a Reading, de donde nunca debí haber salido —contestó con sequedad.
—¿Te darás por vencido? ¿No insistirás para que te perdone?
—No es un buen momento, Thomas, lo sabes. ¿Por qué haces preguntas estúpidas? —Arthur estaba dolido y lo estaba pagando con su amigo. Se sacudió el pelo con exasperación—. Lo siento, pero