«¿Sería madre? ¿Tendría un hijo de Arthur?»
Por instinto, se llevó las manos al vientre y no pudo contener las lágrimas. Pensó que permaneciendo en Londres no volvería a tener ningún contacto con el duque, y que, resolviendo el malentendido, sus lazos se cortarían para siempre; sin embargo, todo se complicaba cada vez más, porque ya no se trataba solo de ella y más que nunca debía resolver el asunto. Se secó las lágrimas y suspiró. Tenía que alimentarse bien para que su bebé creciera sano y fue