Stefan
Tomo una gran bocanada de aire y suspiro, ni en mis peores pesadillas me imaginé que mi padre armaría una boda para mí de esta manera. Debería estar aterrado, saltar por la borda o simplemente llenarme de valor y decir toda la maldita verdad; en cambio, no lo hago. Me quedo callado como un cobarde, o quizá, como alguien que en el fondo no está tan desanimado con la idea.
Me centro en mirarla solo a ella, y Lizzie hace lo mismo conmigo. La música típica de boda comienza a sonar mientras a