Capítulo Ochenta y Cuarto

Punto de vista de Nadia

No esperaban que me defendiera.

La comisaría me soltó como una tormenta que retrocede lentamente.

No recibí ninguna disculpa. Solo una puerta que se abrió y un detective que carraspeó como si los buenos modales pudieran borrar las horas que pasaron intentando moldearme en algo conveniente. Adrian ya estaba de pie cuando salí, con la chaqueta doblada sobre un brazo, sus ojos recorriendo mi rostro como si estuviera contando los lugares donde podría estar herida por dentro.
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