Punto de vista de Nadia
Los hospitales tienen una forma de empequeñecer a las personas.
Elena parecía más pequeña que nunca, tragada por sábanas blancas y máquinas que parpadeaban. El pitido constante junto a su cama sonaba demasiado fuerte, demasiado insistente, como si nos recordara que el tiempo no estaba de nuestro lado. Sus labios estaban secos, su rostro pálido de una manera que me apretaba el pecho.
Me quedé junto a la cama, con los brazos cruzados con fuerza alrededor de mí, intentando no mostrar lo aterrorizada que estaba. Elena siempre había sido dramática, siempre exagerando. Pero esto… esto no era drama. Esto era real.
"El sangrado está controlado por ahora," dijo el doctor, hojeando una carpeta. "Pero necesita sangre. Su tipo es raro y el banco de sangre está bajo."
Las palabras cayeron en la habitación como un plato que se rompe.
Mi madre soltó un jadeo suave. La mandíbula de mi padre se tensó, el músculo de su mejilla temblando como siempre hacía cuando intentaba manten