Punto de vista de Nadia
El aire nocturno afuera era pesado, cargado con la promesa de tormenta, pero apenas lo noté. Mis ojos estaban fijos en la ciudad a través de la ventana de suelo a techo de la sala de control, luces brillando abajo como estrellas atrapadas en vidrio. La fachada de calma siempre era engañosa. No había calma —no realmente— no con Mireya viva, respirando, maquinando y ahora escalando de formas que hacían palidecer los juegos habituales.
No había dormido. No por noches. No de