Punto de vista de Nadia
El peso de la traición tenía una forma extraña de asentarse en mi pecho —no era solo enojo o dolor, era una presión, un recordatorio constante de que la confianza ahora era una moneda que ya no podía gastar libremente. Y después de los eventos de los últimos días, había quedado claro: incluso mis padres ya no eran intocables.
No dormí. No podía. El sueño era un lujo que ya no podía permitirme —no mientras un topo acechaba en mi red, no mientras la sombra de Mireya se cer