La mucama reparó en que Selene estaba examinando a los hombres de la revista que ella había dejado en la mesita de noche.
— Guapos, ¿eh?. —y suspiró con aire soñador, trazando con los dedos los músculos pectorales de un pirata que aparecía en una de las portadas. — Disculpe señora por mi falta.
— No te preocupes chica.
— Si alguna vez conozco a un hombre así, señora no le dejaré escapar. —añadió con una sonrisa la mucama.
— Sí, qué emoción.
Con aquellos angelicales rizos rubios y su figura curv