Después de haber visto el mundo girar durante buena parte de la madrugada, me despierto con Noah dándome pequeños toques. Permanezco con los ojos cerrados, con la esperanza de que me deje seguir durmiendo, pero él insiste.
— ¡Despierta, bella durmiente! — Bromea y yo abro solo un ojo.
— ¡Ay, mi cabeza! — Me quejo al levantarla y sentir como si un elefante estuviera sentado en ella. — ¡Déjame dormir!
— Nada de eso. Deberías haber pensado en eso antes de beber. ¡Vamos, levántate! El día está herm