De manera involuntaria, las lágrimas brotan en mis ojos, y mis piernas amenazan con ceder, obligándome a apoyarme en la mesa para no desplomarme por completo. Lo que mis ojos ven es abrumador, un torbellino de emociones y revelaciones que amenaza con consumirme.
— ¿El reloj? Pero el dueño de la tienda de empeños me dijo que una señorita lo compró y... — susurro, sin apartar la mirada del objeto. Llego hasta la caja fuerte y lo sostengo en mis manos. — ¿Estuvo contigo todo este tiempo?
— Ava, po