La cabeza me duele horriblemente, y siento los párpados pesados. Alguien me sostiene la mano. Mis recuerdos son vagos, apenas puedo recordar lo último que sucedió en mis momentos de lucidez.
Abro los ojos lentamente, pero la luz me molesta, obligándome a cerrarlos nuevamente. Respiro hondo y los vuelvo a abrir, esta vez con más cuidado, hasta que me acostumbro a la luz y me doy cuenta de que estoy en una habitación.
Veo a Darius a mi lado, sujetando mi mano con fuerza. Al observar a mi alrededo