Me levanto de mi asiento, camino hacia el minibar de la oficina, pongo hielo en dos vasos y los lleno con un poco de whisky. Camino de regreso, le paso un vaso a Nathan y me siento de nuevo.
—¡Habla ya! No me dejes así —dice impaciente, lo que me hace reír.
Nathan ha sido mi amigo desde que éramos unos niños. Siempre ha sido leal, me aconseja, pero nunca se mete en mis decisiones, y eso se lo agradezco.
—Bien, conocí a Trisha antes de que fuera mi asistente. Un día, antes de que llegara a la of