A la casa de Samy no dejan de llegar las rosas, su padre está comenzando a sospechar de que se trata el asunto. No es que no le guste la idea de que su hija esté siendo cortejada por algún chico, lo que le preocupa es el estado psicológico de ella. Tiene que saber de quién se trata, él sospecha que puede ser el amigo o familiar de alguna de sus amigas, porque con ellas se lleva más.
—¿Para quién son estas bellas rosas? —indaga, con sutileza, su padre.
—Son para la señorita, Samy. — le dice la