El aire se volvió denso con la presencia de tantos lobos reunidos en un solo lugar. Emma podía sentir la energía en el ambiente, la mezcla de miedo, ira y determinación que flotaba entre ellos. La luna aún no estaba en su punto más alto, pero ya brillaba con una intensidad inquietante.
Diego se mantenía a su lado, su postura firme, pero su mandíbula apretada revelaba la preocupación que intentaba ocultar.
—No hay tiempo que perder —dijo en voz baja—. Si Marcus viene con todo su ejército, debemos