Mundo ficciónIniciar sesiónLlego a casa ensangrentado, adolorido, con la nariz rota y el orgullo por el suelo.
Mi abogado me ayudó a llegar hasta el auto de mi hermana, la que no dijo nada al verme subir entre quejidos y lágrimas.
En cierto momento vi se dirigía a otro lugar, por lo que le pregunté tratando de aguantar el dolor.
“- ¿Dónde vamos?
-Al hospital, tienen que revisarte esas heridas.
-No, no quiero. ¿Qué sentido tiene que me cures si ya no tengo para qué vivir?







