Apenas entró a la mansión, Anthony Blair fue directamente a su oficina.
Cerró la puerta de la biblioteca tras de sí y, sin perder tiempo, dejó el sobre encima el escritorio. Tomó su PC, encendió la pantalla y luego abrió el sobre amarillo, metió la mano, sacó el pendrive y lo conectó al computador.
La pantalla parpadeó y apareció el archivo de un video. Presionó la tecla y entró en el documento.
Remigio apareció en pantalla, con la mirada cargada de un peso evidente. Tomó aire antes de hab