Poco a poco, la sala de juntas fue quedando en silencio, a medida que los socios se levantaban de sus asientos para acercarse a ella y darle la bienvenida con sonrisas cargadas de cordialidad y apretones de manos firmes. Algunos mostraban su apoyo con palabras de aliento, otros la observaban con miradas evaluadoras que ella ya comenzaba a reconocer.
Annie respondía con educación, agradeciendo en voz baja, intentando mantenerse firme, a pesar del torbellino de emociones que llevaba por dentro.