La lujosa limusina negra se alejó rápidamente de la mansión, dejando atrás el caos.
Dentro del vehículo, Annie permaneció sentada junto a la ventana, con los ojos aún húmedos, tratando de recuperar la calma. El hombre que se había sentado frente a ellas, la observó con discreción.
—¿Te sientes bien? —preguntó con voz suave.
Annie secó una lágrima con el dorso de la mano y asintió ligeramente.
—Sí. No se preocupe. —susurró apenas—. Voy a estar bien.
—Me alegra escucharlo.
Annie respiró ho