Apenas la puerta de la casa se cerró detrás de ellas, Annie ya no pudo contenerse más. Había aguantado todo el camino. Había tratado de mantenerse fuerte, de no derrumbarse frente a aquel desconocido que las había ayudado, pero ahora, ya en su casa no pudo más.
Se rompió y lloró desconsoladamente.
—¡Mamá…!
Violet la rodeó con sus brazos mientras Annie se refugiaba en su hombro, abrazándola con desesperación.
—No llores, hija. No llores, por favor… —susurró, acariciándole el cabello.
—¿Po