Quizás no todo estaba perdido...
Annie llegó a casa todavía con la respiración acelerada por el ejercicio. Dejó las llaves sobre la mesa y, fue hasta su recámara. Apenas entró a la habitación, tomó una toalla, se secó el rostro, los brazos y el pecho, húmedos por el sudor. Abrió la gaveta de la mesa de noche y sacó de dentro su celular. Al ver la pantalla de su teléfono estaba apagada. Presionó el botón de encendido, se había descargado.
—Genial… —murmuró.
Lo conectó y esperó los segundos hasta que finalmente encendió. Mient