Varios empresarios comenzaron a levantarse de la mesa para volver a sus respectivos asientos. Thomas aprovechó el momento para cambiarse de silla y quedar de frente a Annie. No podía evitarlo. No se cansaba de mirarla y jugar con ella el dulce y perverso juego de la seducción.
Se acomodó en la silla, apoyando un brazo sobre la mesa, y dejó que su mirada se posara en ella. Jimmy no tardó en notarlo.
—Vaya… —dijo, inclinándose ligeramente hacia él—. Por lo que veo tuviste una gran noche. Te ve