A pesar de que el cruce entre ambos coches fue fugaz, Thomas no necesitó más que un segundo para reconocerla. El coche pasó frente al suyo con la velocidad justa para que su mente dudara por un instante, pero sus ojos no.
Era Annie.
Iba sentada en el asiento trasero, mirando hacia otro lado, completamente ajena a su presencia. Aquella imagen breve se le quedó grabada en la mente.
No la estaba buscando en ese momento, o al menos eso creía. Sin embargo, el impacto de verla así, de repente,