Annie no había terminado de sentarse en la cama, cuando su teléfono comenzó a vibrar.
Atendió la llamada sin mirar la pantalla.
—Jimmy… —dijo al reconocer la voz al otro lado.
—Annie… —la voz de Jimmy sonaba aliviada—. Solo quería saber si estabas bien.
—Sí, estoy bien. —contestó y se levantó de la cama.
Caminó lentamente hacia la ventana, mirando la oscuridad de la noche.
—Perdona que te llame así de repente, pero el fin de semana estuvo algo complicado y no pude ir a verte —suspiró—