—A mí me apena mucho pedirte esto, Maximiliano —dijo Olga, comenzando a llorar—, pero necesito un préstamo urgente.
Maximiliano, sintiéndose en extremo incómodo por las lágrimas de esa mujer, aclaró la garganta y, cuando la vio comenzar a temblar, se quedó en blanco.
Él no era bueno consolando personas, y no quería tener que abrazar o tocar a esa mujer que, no entendía bien la razón de ello, pero no le terminaba de caer demasiado bien.
» No pensé que mi exnovio acudiría hasta aquí, pero, si no