—¿De qué estás hablando? —pregunto Marisa y, al recibir como respuesta que esa era la indicación recibida, se quedó tan confundida que ya no pudo preguntar nada más.
La joven solo escuchó en silencio la despedida de la mujer con quien terminaba de hablar por teléfono, y suspiró alejando el auricular de su oreja.
—¿Ocurre algo? —preguntó Maximiliano, llegando hasta la oficina de la castaña y verla mirando al teléfono entre sus manos con el ceño fruncido—. ¿Todo está bien?
—No lo sé —respondió Ma