70 - Una hacienda renovada.
El amanecer filtraba por la mañana. Ambos nos encontramos desnudos en la cama, cubiertos por una fina sábana de seda. Aún no le he consultado nada sobre su conversación con el abuelo, o tal vez solo quería asegurarse de que estuviera bien.
Gira sobre el cómodo colchón, para quedar sobre mi pecho.
—¿Ya estás despierto? —inquiere, estirando su cuerpo, para luego, sujetarse de sus brazos, sosteniendo su peso con n ellos, solo la parte superior de su cuerpo y así, observarme—. ¿No te parece muy tem